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LOS RAMONES, EL CBGB Y LOS ORÍGENES DEL PUNK

Escrito por el junio 23, 2024

Grupos como Pearl Jam, Nirvana, Green Day, U2, Metallica, Offspring y Rancid han reconocido a los Ramones como una de sus influencias fundamentales. Ese grupo de jóvenes gamberros que empezó a tocar en un antro de Manhattan le dio un vuelco a la forma de hacer música y dejó su huella punk para la historia.

Una serie de fotografías tomadas en el verano de 1975 retratan a unos jovencísimos Ramones trasladándose en metro desde la zona residencial de Forrest Hills, en Queens, hasta un local de ensayo en Manhattan. Dee Dee Ramone lleva su bajo eléctrico al desnudo y Johnny lleva su guitarra Mosrite metida en una bolsa de plástico de la que sobresale la mitad del instrumento. No había dinero para fundas. Johnny siempre renegaba de esas fotos, pero, sin pretenderlo, legaron una imagen en la que pueden verse reflejados cientos de miles de chavales que cada día en cualquier lugar del mundo dan sus primeros pasos en la música.
Un año antes, el cuarteto formado por Joey (Jeffrey Hyman), Johnny (John Cummings), Dee Dee (Douglas Colvin) y Tommy (Tom Erdelyi) habían debutado en el CBGB, un pequeño antro de la parte más deprimida de Manhattan –el Lower East Side, hoy una lujosa zona comercial–. El CBGB era uno de los poquísimos locales neoyorquinos de principios de los años 70 donde los grupos recién formados podían tocar su propio repertorio sin haber sacado ningún disco. Su propietario, Hilly Kristal, era un hippie aficionado al blues y al country (las siglas CBGB significaban country, bluegrass y blues) y buscó la seña de identidad del local en esa política de promocionar a las bandas emergentes.
Patty Smith, Television, Talking Heads, Blondie o los citados Ramones tuvieron su primera oportunidad de tocar en público gracias al CBGB. Los de Queens subieron a su escenario unas 35 veces entre el 74 y el 78 antes de dar el salto a recintos más grandes y giras por todo el país, Europa y medio mundo. Al principio, solo asistían al local una decena de personas, la mitad de ellos bebedores solitarios, pero, gracias a la perseverancia de Kristal, empezaron a acudir algunos críticos y fotógrafos de revistas como Rolling Stone o Cream ávidos de nuevos sonidos y sensaciones.
El dueño del negocio también supo atraerse a la prensa musical de todo el país con ideas geniales como el «festival de las 40 mejores bandas de NYC sin contrato», que comenzaba un día después de terminar el afamado Jazz & Folk Festival en Nueva York, motivo por el cual muchos críticos se quedaban un par de días más para echar un vistazo a lo que se estaba cociendo en el Lower East Side.
A mediados de los 70, el rock ’n’ roll se había esclerotizado y todo lo que se podía ver en la tele o escuchar por la radio era música disco o rock progresivo, tendencias muy alejadas de los postulados de Chuck Berry y Little Richard. Una música que tenía como esencia la diversión y el frenesí ya se estaba volviendo aburrida y pretenciosa.
La palabra «punk» era un término de la calle que significaba algo así como «pringado», «gamberro» o «delincuente de poca monta». Los primeros en utilizar esa palabra en el ámbito musical fueron tres muchachos neoyorquinos que lanzaron una revista con este nombre tan solo tres meses antes de que Joey, Dee Dee, Johnny y Tommy entraran al estudio por primera vez.
Al contrario que las revistas culturetas de la época, las páginas de Punk trataban de cosas tan prosaicas como las hamburguesas, la bebida, las películas de serie B, los cómics y, por supuesto, la música, pero siempre desde el punto de vista de unos jóvenes despreocupados que simplemente querían pasárselo en grande sin meterse en vericuetos intelectuales.
Al igual que los creadores de la revista Punk, los Ramones eran chicos que se pasaban el día deambulando con poco o nada que hacer, con serias carencias emocionales y afectivas, sin empleo o con trabajos muy precarios. Así que el flechazo entre unos y otros fue inmediato.
Quién pensaría entonces que precisamente individuos tan disfuncionales estaban llamados a darle a la música popular una de las bofetadas más sonadas de la historia. Solo Tommy, quien ya había trabajado en un estudio de grabación, vislumbraba que, detrás de las erráticas personalidades de sus tres amigos, se escondía una energía y un talento que, canalizados convenientemente, podían dar lugar a algo grande, algo único.
Y ese «algo» se materializó en un álbum que, desde la portada hasta su último acorde, supuso una provocación. La fotografía en blanco y negro de la cubierta ya era toda una declaración de intenciones: cuatro individuos greñudos con gesto desafiante, chupas de cuero negro, vaqueros rotos, zapatillas playeras sucias y desgastadas. No era la clásica imagen promocional de un grupo, más bien parecía la ficha policial de cuatro detenidos.
En un momento en que las compañías discográficas podían gastar medio millón de dólares en una grabación que duraba meses y se contrataba a renombrados artistas plásticos para ejecutar barrocas portadas, la primera de los Ramones costó poco más de 6.000 dólares y se grabó en una semana. El productor, Craig Leon, se las arregló para crear un muro de sonido a base de superponer las tomas de guitarra y amplificar al máximo la batería.
El resultado fue de una contundencia y una simplicidad inauditas. Un rugido constante, como de una motosierra, se extendía de principio a fin. Sin matices, sin adornos ni solos de guitarra. Y por encima de todo ese barullo, la voz de Joey entonaba melódicos estribillos que recordaban a los viejos éxitos del surf o del pop británico de los 60. Insultante para unos, refrescante para otros, el disco no dejó a nadie indiferente.
Hicieron de la necesidad virtud y, gracias a su precariedad como intérpretes, fueron capaces de crear un nuevo sonido que revolucionaría para siempre el mundo del rock. Muchas bandas siguieron su ejemplo a ambos lados del Atlántico. En un primer momento, el LP Ramones apenas despachó 7.000 copias. Nunca recibió ningún disco de oro por sus ventas, pero varios lustros después The New York Times lo incluyó en la lista de los 25 discos más influyentes del siglo XX.
Grupos como Pearl Jam, Nirvana, Green Day, U2, Metallica, Offspring o Rancid, entre muchos otros, han reconocido a los Ramones como una de sus influencias fundamentales. En cierta ocasión, Joey Ramone resumía de esta forma lo que supuso el grupo y su primer disco para la música popular: «Creo que revolucionamos el rock ’n’ roll. Fue algo que simplemente ocurrió. De la misma manera que Elvis Presley o los Beatles no se imaginaban lo que iba a suceder con su música, nosotros tampoco éramos conscientes».
A lo largo de sus 22 años de historia, jamás se apartaron de su estilo potente, veloz y ensordecedor como hicieron muchos de sus coetáneos, que se rindieron a la era de los sintetizadores. Ni siquiera cambiaron su imagen de gamberros urbanos por un look más asimilable. Esa coherencia hizo que el éxito les fuera esquivo y que algunas radios comerciales raramente apostaran por difundir su música, pero a la vez les granjeó un prestigio del que pocas bandas de rock han gozado.